Artículo: “Locura de dos; la clave en el análisis de la patología”

Como terapeuta en ocasiones resulta complicado el poder leer y traducir a la persona que tenemos enfrente, de pronto llega “alguien” que se sienta delante a nosotros y que comienza su discurso con la ilusión y la esperanza de que como especialistas sabremos todo y que de alguna manera podremos hacer que todo eso que esta dentro de ellos se vaya. Sus miradas, sus lágrimas y sus palabras son dedicadas a nosotros y todo se transforma en un espacio de confianza e intimidad que a veces nunca ha sido recibida por nadie más en sus vidas. Es en este momento cuando debemos de hacer uso de todo lo que hemos aprendido, leído, vivido, de todas esas experiencias, del “ojo clínico” y de clases que hemos escuchado durante años. De pronto hay algo que no concuerda y que se siente como una dificultad para poder hacer todo esto que sabemos que podemos hacer, el diagnóstico se vuelve confuso y oscila entre una estructura enferma y una menos enferma. Entonces, ¿qué pasa cuando esa persona que esta frente a nosotros pareciera que vive y narra la vida de alguien más? ¿Es una persona que ha caído en la locura? O es una persona que esta actuando la locura de alguien más.
Creo que el maravilloso ciclo de la reproducción y el proceso que conlleva crear vida dentro del cuerpo de un ser humano, cuidarlo, alimentarlo y sentirse ahí dentro los dos es causante de sensaciones nirvánicas que nos hacen perdernos en el otro sin saber quiénes somos e incluso si somos dos o somos uno, si eso que se siente es de uno o del otro o desde dónde es que se responde cuando algo sucede. Este vínculo tan intenso, tan único, tan generador de seguridad, amor y de un lugar en el mundo facilita una patología unida, una patología mezclada en la cual es difícil diferenciar qué es de quien, de donde viene qué y qué significa qué. De pronto hay una sensación de no saber de donde viene lo que viene, es decir de dónde vienen mis emociones, mis sentimientos, mis recuerdos, mis decisiones. El paciente sabe que algo esta pasando en su vida, que algo ha pasado durante muchos años pero ahora se siente desolado, sin un lugar en el mundo, sin saber qué es lo que va a hacer de su vida, con sensaciones de “irrealidad” y principalmente con tristeza que lo invade pero no logra descubrir qué es exactamente y de dónde surge. Son estos síntomas los que nos van a permitir acercarnos al sufrimiento del paciente y reconstruir la historia de su dolor. Todo esto resulta complicado ya que es invisible para todo aquel que esté involucrado. No es la madre, es el hijo (a), es decir; no es que la madre tenga una estructura que tal vez la incapacita para ser madre, es que el niño o niña se comporta de manera extraña o no duerme o se masturba o es agresivo o esta irritable o es incontrolable, es y será siempre conflicto del paciente señalado y el que presentará los síntomas. Hay un código inviolable que se instaura en la comunicación inconsciente que va a permitir únicamente actuar lo que se ha entendido que se tiene que actuar entre madre e hijo, sin cuestionar, sin dudar, sin estar en desacuerdo, sólo desde el cumplimiento del deseo de esa persona que nos dio la vida, que nos mantuvo dentro de ella y que aún después del nacimiento y de la separación física, simbólicamente nos mantiene dentro de ella, que nos confunde y que nos vende la idea de ser una misma persona la cual procede en consecuencia de la otra. Esta confusión es paradójicamente la motivación de la vida pero el dolor de la misma.
Este dolor emocional es lo que generalmente lleva a los pacientes a tratamiento, hay algo en ellos que extrañamente no se siente como propio. Es tal vez una decisión tomada por ejemplo: la profesión, un trabajo, la orientación sexual, es el estado de ánimo o en algunos casos no poder dormir o angustia, ansiedad generalizada o inclusive ideaciones suicidas. En algunos casos es la misma relación con la madre que es tan ambivalente que resulta intolerable, se siente una necesidad ilimitada de permanecer a su lado, de cumplir sus expectativas, de ser incluso una especie de “pareja amorosa” junto con la sensación de querer salir corriendo, de salir de todo aquello y jamás volver a tener contacto con esa madre que parece absorber todos los intentos de independencia y separación. Es tan confuso y desgastante que resulta en desolación y melancolía pero incluso la idea del suicidio se trunca por el hecho de abandonar a esa otra parte del cuerpo que es la madre, como si se dejara morir la mitad de un siamés que matará automáticamente a la otra mitad y eso no se lo puede permitir.
Entonces en este actuar como “brazo” o como “pierna” de la madre ¿cómo se es posible tomar una decisión sin que ésta influya? ¿Cómo podrá tener la sensación de libertad? ¿Cómo podrá sentir que la vida que vive es suya sin sentir que algo no es real dentro de él? ¿Cómo podrá no sentirse confundido? Y lo importante dentro de nuestra profesión: ¿Cómo podemos ayudar a este paciente? ¿Como podemos llevar a cabo el análisis si el paciente mismo siente que no es el pero a la vez que si es el?
Estos casos resultan un parteaguas ya que abren la perspectiva al fenómeno psicológico que ahora parece común entre las patologías que se observan en la consulta privada. Es la indiferenciación del paciente con la psique de la madre y el paciente o hijo como síntoma y actuación de la locura de la madre. El paciente resulta ser la mayoría de las veces el portador de todo aquello que la madre no logra aceptar, descifrar, traducir e incluso negar, esto significa que lo que está ante nosotros como terapeutas no es la locura de esa persona sino la de alguien más.
El tratamiento de estos pacientes es de lo mas interesante ya que hay que lograr la manera de fortalecer al Yo y diferenciarlo del Yo de su madre sin atacar a esta figura que es la estructura de su psique, se busca llegar a cuestionar si realmente son una persona o dos las que están en esa relación. Es un viaje intenso y todo el tiempo tendiente al abandono del proceso, es riesgoso y da la sensación de quedar en la nada.
Poco a poco el paciente se irá reconociendo como un ser que cuenta con deseos, gustos e ilusiones distintos a los de su madre, comienza a observar que tal vez hay muchas cosas que ha dejado de hacer y comienza la angustia a la separación que al mismo tiempo les dará las mejores satisfacciones de su vida. Es aquí cuando comienza el análisis de esa persona que en un inicio se presentó frente a nosotros.

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