Artículo: “¿Cuándo tener un hijo?”.

Así que, ¿cuándo tener un hijo? Te invito a pensar honestamente en lo siguiente:

¿Has resuelto tus propias heridas?¿Sabes cuáles son, sabes qué te duele? ¿Sabes qué patrones estás propensa a repetir de tus propios padres?¿Eres capaz de ser tolerante con lo errores y dificultades de otros y con los tuyos?
¿Tienes una relación estable, sin ofensas y con expresión de amor? ¿Has hablado con tu pareja de cómo educar a ese hijo, (límites, religión, familia, escuela)? ¿tienes la capacidad económica? ¿Conoces la historia de tu pareja? ¿Para qué traerás a esa persona a este mundo? ¿Quieres tener una responsabilidad de este tamaño?

Este es un tema complicado desde mi perspectiva, ya que me parece es un tema contradictorio, por un lado es normal y natural, como si fuera cualquier cosa y la ley de la vida, es decir incuestionable camino para la mujer y por otro lado, es la decisión más importante que marca y cambia la historia de la vida de los padres y de esa persona que llega a este mundo. Es lo más importante que existe en la historia porque es lo que ha permitido que permanezca la especie humana. Tenemos el poder de crear vida, pero al mismo tiempo no ha sido valorado, por lo que también cabe la posibilidad de elegir no hacerlo.

La realidad es que no estamos educados a hacer una pausa antes de tomar esta decisión, es más, en general y siendo honestas, casi nunca es una decisión realmente consciente. No estamos conscientes de lo que implica y de lo que necesita una persona en su psique para poderse desarrollar plenamente, para ser una persona que produzca, para que sea una persona segura, para que sea una persona que esté dotada de herramientas para vivir su vida lo menos afectada posible.

Hoy estamos presenciando las consecuencias de lo que ha sido no tener consciencia de la maternidad y la paternidad como humanidad, observamos día a día, los diferentes conflictos emocionales que marcan la personalidad de esos niños y niñas que serán adultos. Es verdad que la perfección no existe, pero tendría que haber límites porque existen circunstancias terribles en las cuales una persona puede crecer y esto afecta de generación en generación, como una bola de nieve que crece tanto que nos afecta a todos. La falta de límites, de estructura, de atención, de orientación, de expresión de amor, de educación, de comprensión, de autoconocimiento por parte de estos padres que traen a estos niños y niñas, generan como resultado sufrimiento y caos en la mente de éstas personas.

Siento urgente, detenernos antes de tomar esta decisión, volver a valorar lo que implica el poder de crear vida e informarnos en realidad de lo que va a necesitar esa persona de nosotras como madres y la necesidad de la presencia emocional de un padre, no es solo un bebé, es un ser que crecerá y que se desarrollará y serás tú y tu pareja, quien determine quién será esa persona en un futuro. Es como si no tuviéramos como sociedad la sensibilidad de entender que es algo privilegiado que tal vez no sea para todos.

Habrá que valorar la posibilidad de no tener hijos si es que no se desea al 100%, nadie podrá criticar ni cuestionar tu identidad como mujer si no lo haces.

Artículo: “Los niños, ¿el espejo de los padres?”

Porqué esperamos que los niños aprendan un “buen comportamiento” si lo que ven en casa no es así? De dónde pensamos que son como son? Porqué nos cuesta tanto trabajo aceptar como sociedad que los niños y niñas son reflejo de lo que son su padre y su madre, así como su relación entre ellos, así como su forma de hablarse y así como su propia tolerancia a la frustración?
Los niños y niñas están todo el tiempo recibiendo información, observando, porque además de las palabras, son actos y formas de ser de esos adultos, los que marcan a esos niños para que por ejemplo coman bien, sean empáticos con sus iguales y con cualquier ser vivo, se duerman temprano y tengan buenos hábitos, que respeten las reglas. Pero qué pasa cuando estos niños ven a una mamá que no come o que come todo el día? una mamá que no cumple con sus obligaciones, que no es responsable de sus actos? O a un papá que toma alcohol frecuentemente y pierde el control? O a un papá que tira la colilla de su cigarro por la ventana o que se pasa los altos o que da mordidas? O a unos papás que no arreglan sus problemas, ya sea porque evaden sus conflictos o porque se gritan y agreden o se mienten frecuentemente?

Me he percatado de la forma en la que la mayoría de las personas adultas se dirigen hacia algún mal comportamiento de un niño o niña y de lo que me doy cuenta es que hacen directamente responsable a esa personita que en realidad no sabe y no comprende muchos conceptos hasta que un adulto se los enseñe y sea persistente en ello. Es como si los niños “tuvieran que venir de fábrica” con regulación de sus impulsos integrado, conocimiento de las reglas sociales, tolerancia a la frustración bien entendida y con la comprensión del “no” en su totalidad sin que se sientan mal, me da la impresión que muchos padres y madres esperan eso, no como algo que tengan que construir ellos con esfuerzo y constancia, más bien como algo que tiene que surgir por sentido común del niño (a).

Últimamente escucho cosas como: “ay pues es un bebé, ni cuenta se da” (cuando alguno de los padres está haciendo algo indebido), “pues ya le pregunté si se quiere dormir y no quiere”, “sí, suele agarrar a su perrito como un peluche, que chistoso”, “di groserías y tira la basura (entre los adultos) no importa, pero tú hijo (a) no lo hagas porque está mal”, “no grites!” (gritandoles), “es que se aburre con todo y no se concentra” (cuando no hay límites, ni juegos de creatividad, ni tiempo de calidad y cuando el niño (a) ve a su papá o a su mamá en internet y en su celular sin poner atención y dispersos la mayor parte del tiempo).

Me parece urgente empezar a erradicar la cultura de la corrupción y la falta de congruencia empezando por nuestro hogar ustedes, ¿qué opinan?

Artículo: “Por qué nos cuesta tanto trabajo disfrutar?”

En el consultorio me doy cuenta que existe una tendencia natural en la mayoría de las personas que asisten, un fenómeno que jala hacia una especie de lado oscuro, un lado sombrío en donde se vuelve difícil disfrutar de la vida, de los logros y cambiar. Incluso, parece que se tiende a regresar a situaciones complicadas y conflictivas que hacen pensar “¿cómo llegué aquí otra vez?, ¿por qué siempre me pasa lo mismo o no merezco ser feliz? Muchas veces se piensa que son situaciones que están fuera del control y que la vida misma, como la pareja por ejemplo,“envía” lo que es para nosotras.

La realidad es que tenemos guardado un chip dentro de nuestra mente que ha registrado absolutamente todas las experiencias que hemos vivido a lo largo de nuestro desarrollo, un registro que es capaz de guardar hasta el más mínimo detalle de nuestras emociones y uno que por igual, es capaz de nublar todo, sin que podamos saber con precisión, lo que hay dentro. Sin embargo, este registro va a aparecer en forma de actuaciones, es decir que se manifiesta a manera de comportamientos, elecciones y decisiones. No estará consciente, pero sí inconsciente, es como la nuca que une nuestro cuerpo con la cabeza, nunca la hemos visto, pero ahí está y solo la sentimos cuando nos duele.

Este chip, va a estar constituido principalmente de vivencias infantiles, las cuales se elaboran a partir de las emociones, ya que el cerebro y las capacidades se van desarrollando poco a poco y con el paso de los años. Así que en la niñez, nuestra máxima herramienta para vivir al mundo es a través de lo que sentimos. Por eso podemos entender la fragilidad de la misma y la intensidad de las emociones generadas en esa etapa, emociones que si evocamos hoy en día, pueden sentirse, pero que irónicamente no tenemos muy presentes.

En esta primera etapa de la vida es en donde se forma la manera en la que nos vamos a vincular con el mundo en el futuro, si estos primeros contactos fueron frecuentemente sensaciones de abandono, de tristeza, de soledad, de rivalidad, de frustración, esto nos acompañará el resto de nuestra vida. Es importante comprender que ante la fragilidad de la psique humana, casi cualquier cosa deja una marca.

Vincularnos con el mundo significa, como me siento casi diario, que es lo que me pasa con la mayoría de mis parejas, como me llevo con mis padres, con qué tipo de personas me relaciono, como me va en el trabajo o si cumplo mis metas. Cosas del día a día que damos por hecho como si no influyéramos en ellas. Ahí está nuestra marca original y aunque sea difícil de creer, esto será mucho de lo que no nos permitirá disfrutar el hoy. Primero, por el recuerdo guardado que hace daño porque ahí está y se filtra constantemente. Segundo, porque ese conflicto me va a ordenar repetirlo para sentir que esta vez sí lo voy a poder resolver.

Por ejemplo, la mujer que en su infancia pudo haberse sentido por muchos motivos, poco tomada en cuenta por sus papás, echa a un lado o ignorada, buscará en el futuro hombres que no tengan tiempo para ella, tal vez personas con otras parejas, o con otra prioridad que las deje en último lugar. Parte del atractivo, será precisamente, poder hacer que este hombre sí le haga caso, que lo haga cambiar y que lo haga elegirla a ella, esta es la fantasía que nos impulsa a repetir y este es el acto que nos hace sentir, casi siempre, igual. Lo que sigue es que como la elección fue hecha desde el inconsciente para querer resolver algo del pasado, los resultados serán los mismos, porque las personas tendrán las características específicas para generar el mismo efecto, que el de sus padres. Esto a su vez, crea una cadena de tristeza por qué los resultados y las sensaciones se reavivan de manera oculta.

Lo anterior en general, multiplicado por un sin fin de decisiones parecidas, afecta nuestra capacidad de disfrutar nuestra vida.

Parte de la solución es hacer consciente el inconsciente, mientras más conozcamos de esto y de nosotras mismas, más elaboración puede haber y mejores decisiones se tomarán. Resolver estos conflictos en un espacio terapéutico, traerá como resultados más posibilidades de estar en el aquí y ahora para poder disfrutar lo que está pasando. Sin necesidad de estar repitiendo lo que no se pudo solucionar en la infancia.

¿Y a ti, te cuesta trabajo disfrutar?

Artículo: “¿Qué es el doble mensaje?”.

Muchas veces nos damos cuenta que la comunicación que pensamos clara, resulta no serlo, pareciera que lo que decimos, pensamos, sentimos y transmitimos, no siempre va en la misma línea, ni cuando va de nuestra parte, ni cuando la recibimos de alguien más. Existen muchos aspectos que pueden influir en lo anterior pero hoy hablaremos del “doble mensaje”.
¿Pudiera ser que exista un sentimiento y un deseo opuesto al que estamos queriendo generar en el otro sin que nos demos cuenta? esto puede ser más común de lo que pensamos, lo más difícil será reconocer las consecuencias que esto puede traer en nuestras relaciones, principalmente en las más significativas para nosotros como hijos, pareja, familia y trabajo.

Vamos con algunos ejemplos: un niño se acerca a su madre y ella lo rechaza de forma verbal o de manera sutil, después de esto la madre se siente culpable y responde queriéndolo acercar de nuevo para que cuando el niño lo haga ella vuelva a rechazarlo, formándose así una cadena sin fin. Un siguiente ejemplo: una mujer reclama a su pareja por no tener relaciones sexuales, cuando la otra persona se acerca, ésta lo rechaza y lo hace sentir no bien recibido, cuando él se rinde, ella vuelve al reclamo. Como observamos, este tipo de comunicación conlleva a una paradoja sin solución, la persona a quien se aplica el doble mensaje no tiene oportunidad de acertar, está destinada a equivocarse aunque su deseo sea corresponder. La demanda en el doble mensaje es tan contradictoria que no hay forma de lograr el éxito.

Lamentablemente esto es más común de lo que parece y es parte de los conflictos diarios en las relaciones afectivas, tal vez es momento de preguntarnos si es algo que hacemos o que permitimos con frecuencia ya que desgasta de manera silenciosa el cariño y la convivencia sana, así como la seguridad en sí misma. Es una manera de ejercer control y una forma de crear desesperación, enojo y tristeza en las personas que amamos sin tener muy claro lo que está pasando.
Entonces, vale la pena cuestionar si estamos siendo una persona que está mandando dos mensajes en uno propiciando discusiones y malos entendidos con el pretexto de no saber porqué el otro no entiende. Así que ¿estamos realmente siendo coherentes entre lo que deseamos y expresamos?

Artículo: “Mi pareja, mi espejo”.

Las relaciones de pareja son complicadas, eso es un hecho y creo que la mayoría de las personas lo sabemos, lo que tal vez no sabemos a ciencia cierta es el porque, bueno, si hay muchos porqués que solemos escuchar con frecuencia, “porque no me escucha”, “porque no me entiende”, “porque no pone de su parte”, “porque es un egoísta”, “porque no me da mi lugar” y así podríamos continuar sin fin. Es decir, que se tiene clarísimo porque no funciona en torno al otro, sabemos como radiografía que es lo que el otro hace mal y que es lo que debería de cambiar para que si resultara. Lo que en muchas ocasiones falta, es la mirada a ti misma.

Lo que hace complicada la relación de pareja, dentro de muchos otros factores, es que ésta otra persona que tenemos enfrente va a ser como un espejo, aquí es donde viene lo difícil, mucho del arte en la pareja y de su sano funcionamiento, es que se logre diferenciar la línea entre:¿esto es mío o esto es del otro? Es decir que la relación de pareja me va a espejear lo que no me gusta de mí misma por lo cual tal vez ni siquiera acepto, sin embargo, el otro si verá esas cosas que mantenemos ocultas y viceversa.

Cuando digo que la pareja es un espejo, vamos a empezar a comprender que significa, que esa persona que está constantemente frente de mi, me refleja todas las características que si tengo, pero que generalmente son inconscientes, por consecuencia, cuando el otro las nombra, no me gusta y voy a tender a negarlas, lo que sigue de aquí es lanzarlas hacia afuera, proyectarla, por ejemplo: una mujer llega de trabajar a su casa o con su pareja pero llega de malas, tal vez ha tenido un mal día en muchos sentidos o simplemente está triste o enojada, cuando tiene el primer contacto, ésta no se da cuenta de su estado de ánimo y saluda como si no pasara nada, mientras pasa el tiempo, esta mujer se va enojando más y más, hasta que utiliza algún error del otro para explotar, culpandolo de su malestar, a lo que posiblemente el otro conteste que ella llegó así y que en realidad no sabe porque, la mujer lo culpara de insensible, iniciando con esto una discusión que no sabremos dónde irá a parar y si existen cosas acumuladas de ambos lados, será peor. La situación real aquí, es que esta mujer, no fue capaz de hacerse cargo de sus emociones y cuando nombra al otro “insensible” en realidad está proyectando su propia insensibilidad consigo misma ya que no se hizo cargo de lo que sentía, ¿porque esperar a que sea el otro, el que adivine lo que sentimos? Y ¿porque nos enojamos tanto, si el otro, no lo hace?.

La realidad, es que la pareja será el espejo que constantemente nos demuestra lo que no “hacemos bien”, tal vez nuestras viejas costumbres de no hablar, de no preguntar y de no compartir o la exigencia y falta de aceptación, pero siempre será más fácil decir: no fui yo, tú tenías que haberme preguntado pero no lo haces porque eres muy egoísta para ver más allá de ti, lo que está debajo de esto es, yo soy la egoísta al pensar que el mundo gira en torno a mí y que los demás tienen la obligación de descifrar lo que me está pasando sin que yo tenga que decir una palabra, la falta de responsabilidad está presente en la persona que decide, (consciente o inconscientemente), no decir nada, pero las defensas del ser humano nos alejan de tomar eso como algo propio. Esto puede engañarnos y hacernos creer que la relación no funciona, cuando en realidad puedo estar influyendo yo, para que no funcione.

Entonces la situación de las parejas comienza aquí, el análisis entre lo que es una discusión porque me empiezo a dar cuenta que me cuesta trabajo compartir, o que me cuesta trabajo aceptar las características de personalidad del otro ya que si quiero algo, lo tengo que hablar y pedir o en realidad, la persona con la que estoy, no tiene las características que pueden hacer que esta relación funcione, es decir, esta persona me engaña y coquetea constantemente o yo, por mi inseguridad creo que me engaña y coquetea todo el tiempo. Si logramos diferenciar una de la otra, vamos a poder saber que los problemas que se tienen como pareja, pueden solucionarse, pero si son cosas que afuera están pasando, tendré que decidir si es que quiero vivir con una persona así, la magia aquí ocurre cuando los dos se hacen responsables de lo que les corresponde y pueden pedir una disculpa cuando es necesaria, pero si encontramos que estamos con una persona que en realidad no le gusta hablar, ni quiere hablar y nunca lo ha hecho, no podemos esperar que cambie de la noche a la mañana, si te das cuenta que en el noviazgo él se presta a los cambios y suele reconocer sus errores, es buena señal para generar una convivencia más tranquila en un futuro, pero si no es así ¿porqué esperar que ante cambios externos, como una boda o un embarazo, esta persona mágicamente cambie de la noche a la mañana?

Entonces esto es una combinación de responsabilidades, me hago cargo de mis emociones y las hablo para generar acuerdos, soy tolerante y escucho las opiniones del otro sin esperar que sean exactamente como las mías e insisto en las negociaciones y después de hacer esto, miro al otro y logro ver exactamente quién es y si me gusta para pasar el resto de mi vida.
En conclusión, importante cuestionarse si la relación de noviazgo no funciona porque yo no estoy poniendo de mi parte en hacerme responsable o porque la pareja que elegí es totalmente incompatible para mí en gustos, en creencias y no logramos compartir en lo profundo. La diferencia entre estas dos, va a ser la clave para saber si es responsable dar el siguiente paso en un compromiso como el matrimonio y más aún la decisión de tener hijos.

Artículo:”La elección de la pareja”.

“Es increíble que la infancia nos determine en todos los sentidos”, este pensamiento es recurrente en la mayoría de las personas. Tendemos a pensar y a medir ésto, con el paso del tiempo cronológico y físico, “si pasó hace tantos años, tuve que haberlo superado y olvidado”. Lamentablemente, los seres humanos no funcionamos así, si fuera así, la carrera de psicología, la terapia, el psicoanálisis, no existirían y no estaríamos leyendo este artículo.

Los seres humanos funcionamos como una máquina que registra todo, absolutamente todo, pero que no tiene la opción de borrado, lo único que podemos hacer es, sustituir eso, por la acción de elaborar, a través de la conciencia. Estas dos herramientas van a permitirnos cambiar nuestro destino.

Lo anterior nos lleva a un tema básico en la vida de cualquier persona, “la elección de la pareja”. Es decir que, lo que hemos vivido con nuestros padres, en la infancia, será lo que determine quién nos va a gustar, quien no nos va a gustar y lo que vamos a repetir. Nuestra elección de la pareja será el reflejo de la historia de nuestros padres, haya sido como haya sido.
En nuestra casa, de pequeños, observamos cómo se llevan nuestros padres, si es que está uno o los dos o ninguno, lo que se hacen sentir, como se hablan, lo que se dicen, entonces éste será nuestro concepto de lo que es un matrimonio, una relación entre dos personas, como se es hombre y como se es mujer. Y lo más importante, cómo me hicieron sentir en esta interacción con ellos, cómo fue que yo viví e interpreté sus errores o sus decisiones. Esto quedará guardado en un registro inconsciente, que saldrá cada vez que nos relacionemos con alguien, cada vez que amemos o queramos. Entonces, si entendemos que yo me sentí abandonada o engañada, o devaluada, tal vez controlada, lo más seguro es que busque a una persona que me haga sentir igual, una persona con quien repita la dinámica infantil, es lo que conocemos y es lo que reconocemos.

Los padres generan un cúmulo de sentimientos y emociones que se contraponen entre sí, amor- odio, dependencia- independencia, tristeza-emoción y eso, es lo que se reproduce en la búsqueda de pareja, la ambivalencia.
Posiblemente, la mejor forma de contrarrestar lo anterior, sea la conciencia y el autoconocimiento, mientras mejor no conozcamos y sepamos de dónde venimos y la dinámica familiar, mayor será la posibilidad de elegir a una pareja con mayor claridad, donde no estemos otra vez en la complicada relación de los opuestos. Mientras mas conciencia, mas madurez y mientras exista mayor madurez, se podrá elegir a alguien más parecido a nosotros, con gustos importantes similares como: el pensamiento religioso, la opinión sobre los hijos (si tener o no y cuantos), como educar a los hijos, la organización económica, la postura ante la diferencia de género y las labores domésticas, así como el trabajo y la productividad. La similitud en estos temas, pueden hacer la diferencia en la durabilidad de la pareja, ya que indican un mayor conocimiento de sí mismo y una mayor conciencia de lo que realmente se desea sin la sombra del conflicto infantil y la relación con los padres. No alguien que se parezca a mis padres, mejor alguien con quien yo pueda congeniar desde lo profundo de mis sentimientos y de los deseos. Un compañero, no una persona que venga a solucionar mis conflictos no resueltos o a llenar los vacíos que siempre he sentido dentro.

Como en muchos aspectos, la respuesta siempre está en el confrontamiento de mis propias emociones, para sentirme capaz de decidir y elegir con conciencia a mi pareja allá afuera.
Así que, ¿qué hay en tus relaciones de pareja hoy en día, que coincide con tu historia de vida?

Artículo: “Belleza y autoconcepto, ¿cómo se relacionan?”

A veces, podríamos pensar que la belleza física y el estilo de vida no tienen nada que ver con el estado emocional o la realidad interna que vivimos día con día, podemos pensar también, que por fuera es una cosa y por dentro otra y que mientras mantengamos la apariencia de que todo está bien y nos veamos bien, a la moda y saludables, entonces no pasa nada en realidad. “Si me veo bien, es porque me siento bien” lamentablemente, esto no es necesariamente cierto.
Muchas veces el estado físico refleja el estado emocional pero muchas veces, el estado físico está separado y fragmentado del espacio emocional, eso indica que una no va a influir en la otra pero no porque todo está bien, si no porque hemos logrado que una, no se relacione con la otra, esto puede hacer que se genere una especie de autoengaño en el cual se cubre la falta o el vacío. A la larga este vacío puede convertirse en una tristeza o enojo constante inexplicable.

Lo anterior nos lleva a cuestionarnos varias cosas, por ejemplo: me cuido en cómo me veo, o tal vez en lo que como, pero ¿realmente me cuido emocionalmente hablando? Esto implica pasar a otro nivel de relación con nosotras mismas, un nivel en donde hay la consciencia y el entendimiento, así como la aceptación de nuestras heridas y la mirada de quienes somos en un amplio sentido, lo que en realidad generamos haya afuera con nuestra forma de ser y cómo influimos en las dinámicas con nuestra pareja, hijos, amigos o en el trabajo, una mirada que me permita crecer y aprender porque miro incluso, lo que no me gusta. Establecer límites, ofrecer disculpas cuando nos equivocamos, recibir disculpas cuando nos las ofrecen y perdonar, hacernos responsables de lo que nos corresponde, no victimizarnos, hablar con claridad y ser coherentes con lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos, son ejemplos de esta nueva relación con nosotras mismas. Son ejemplos, de una manera distinta de regalarnos belleza, una belleza interna que nos brindará tranquilidad y paz, no de forma mágica e instantánea, de forma progresiva y en un proceso que puede durar tiempo y en el cual nos encontramos de hecho, todos los días de nuestras vidas pero que vale la pena. Tal vez lo anterior implica tener que “echarnos un clavado al pasado” pero con la justificación de sanar y re significar ideas y sentimientos que han estado ahí desde hace muchos años, con la idea también de descubrir :¿en qué concepto inconsciente me tengo a mi misma en realidad?, ¿qué pienso de mi?.

Me parece muy importante que podamos hacer de esto un estilo de vida, un estilo de vida que nos permitirá generar otro tipo de belleza, una belleza que viene de un autoconcepto real y saludable, en el cual acepto que no soy perfecta pero que tampoco soy la peor persona y que esto a su vez, me permita aceptar a los demás o las diferentes situaciones que la vida trae consigo, que hay cosas que podré cambiar, pero también cosas que no podré y que tal vez en este viaje descubro que el concepto que tenía de mí misma, es un concepto erróneo, determinado por enojo, o por culpabilidades, incluso por conceptos que no son míos pero que escuché de mi familia cuando era pequeña, etiquetas que me han marcado y que han determinado mi destino o la forma en la que me relaciono con los demás, como una especie de profecía autocumplida, por ejemplo: “yo pienso que no nací para tener una pareja estable” y sin darme cuenta, elijo parejas con las cuales no puedo establecerme, cuando en realidad puede ser que haya un concepto del matrimonio o miedos establecidos en la infancia que hasta el día de hoy no dejan actuar ni pensar diferente. Ejemplos de este tipo hay miles, la intención es hacer consciente la mayoría de éstos para poder poco a poco, liberarte a través del entendimiento, del acomodo y de duelos, que hoy tú puedes controlar tu vida y una gran parte de tu destino. Definitivamente pienso, que no hay belleza mayor que conocerte a ti misma, acompañada de una sensación de entendimiento, paciencia y amor, otorgada y brindada de ti para ti.
El autoconcepto es entonces, tu propio concepto de ti misma, por lo tanto la base de tu concepto de belleza. Si logras elaborar tus heridas y reconocer tus límites, el concepto de ti misma te acercará cada vez más a una belleza más profunda.

Artículo: “Locura de dos; la clave en el análisis de la patología”

Como terapeuta en ocasiones resulta complicado el poder leer y traducir a la persona que tenemos enfrente, de pronto llega “alguien” que se sienta delante a nosotros y que comienza su discurso con la ilusión y la esperanza de que como especialistas sabremos todo y que de alguna manera podremos hacer que todo eso que esta dentro de ellos se vaya. Sus miradas, sus lágrimas y sus palabras son dedicadas a nosotros y todo se transforma en un espacio de confianza e intimidad que a veces nunca ha sido recibida por nadie más en sus vidas. Es en este momento cuando debemos de hacer uso de todo lo que hemos aprendido, leído, vivido, de todas esas experiencias, del “ojo clínico” y de clases que hemos escuchado durante años. De pronto hay algo que no concuerda y que se siente como una dificultad para poder hacer todo esto que sabemos que podemos hacer, el diagnóstico se vuelve confuso y oscila entre una estructura enferma y una menos enferma. Entonces, ¿qué pasa cuando esa persona que esta frente a nosotros pareciera que vive y narra la vida de alguien más? ¿Es una persona que ha caído en la locura? O es una persona que esta actuando la locura de alguien más.
Creo que el maravilloso ciclo de la reproducción y el proceso que conlleva crear vida dentro del cuerpo de un ser humano, cuidarlo, alimentarlo y sentirse ahí dentro los dos es causante de sensaciones nirvánicas que nos hacen perdernos en el otro sin saber quiénes somos e incluso si somos dos o somos uno, si eso que se siente es de uno o del otro o desde dónde es que se responde cuando algo sucede. Este vínculo tan intenso, tan único, tan generador de seguridad, amor y de un lugar en el mundo facilita una patología unida, una patología mezclada en la cual es difícil diferenciar qué es de quien, de donde viene qué y qué significa qué. De pronto hay una sensación de no saber de donde viene lo que viene, es decir de dónde vienen mis emociones, mis sentimientos, mis recuerdos, mis decisiones. El paciente sabe que algo esta pasando en su vida, que algo ha pasado durante muchos años pero ahora se siente desolado, sin un lugar en el mundo, sin saber qué es lo que va a hacer de su vida, con sensaciones de “irrealidad” y principalmente con tristeza que lo invade pero no logra descubrir qué es exactamente y de dónde surge. Son estos síntomas los que nos van a permitir acercarnos al sufrimiento del paciente y reconstruir la historia de su dolor. Todo esto resulta complicado ya que es invisible para todo aquel que esté involucrado. No es la madre, es el hijo (a), es decir; no es que la madre tenga una estructura que tal vez la incapacita para ser madre, es que el niño o niña se comporta de manera extraña o no duerme o se masturba o es agresivo o esta irritable o es incontrolable, es y será siempre conflicto del paciente señalado y el que presentará los síntomas. Hay un código inviolable que se instaura en la comunicación inconsciente que va a permitir únicamente actuar lo que se ha entendido que se tiene que actuar entre madre e hijo, sin cuestionar, sin dudar, sin estar en desacuerdo, sólo desde el cumplimiento del deseo de esa persona que nos dio la vida, que nos mantuvo dentro de ella y que aún después del nacimiento y de la separación física, simbólicamente nos mantiene dentro de ella, que nos confunde y que nos vende la idea de ser una misma persona la cual procede en consecuencia de la otra. Esta confusión es paradójicamente la motivación de la vida pero el dolor de la misma.
Este dolor emocional es lo que generalmente lleva a los pacientes a tratamiento, hay algo en ellos que extrañamente no se siente como propio. Es tal vez una decisión tomada por ejemplo: la profesión, un trabajo, la orientación sexual, es el estado de ánimo o en algunos casos no poder dormir o angustia, ansiedad generalizada o inclusive ideaciones suicidas. En algunos casos es la misma relación con la madre que es tan ambivalente que resulta intolerable, se siente una necesidad ilimitada de permanecer a su lado, de cumplir sus expectativas, de ser incluso una especie de “pareja amorosa” junto con la sensación de querer salir corriendo, de salir de todo aquello y jamás volver a tener contacto con esa madre que parece absorber todos los intentos de independencia y separación. Es tan confuso y desgastante que resulta en desolación y melancolía pero incluso la idea del suicidio se trunca por el hecho de abandonar a esa otra parte del cuerpo que es la madre, como si se dejara morir la mitad de un siamés que matará automáticamente a la otra mitad y eso no se lo puede permitir.
Entonces en este actuar como “brazo” o como “pierna” de la madre ¿cómo se es posible tomar una decisión sin que ésta influya? ¿Cómo podrá tener la sensación de libertad? ¿Cómo podrá sentir que la vida que vive es suya sin sentir que algo no es real dentro de él? ¿Cómo podrá no sentirse confundido? Y lo importante dentro de nuestra profesión: ¿Cómo podemos ayudar a este paciente? ¿Como podemos llevar a cabo el análisis si el paciente mismo siente que no es el pero a la vez que si es el?
Estos casos resultan un parteaguas ya que abren la perspectiva al fenómeno psicológico que ahora parece común entre las patologías que se observan en la consulta privada. Es la indiferenciación del paciente con la psique de la madre y el paciente o hijo como síntoma y actuación de la locura de la madre. El paciente resulta ser la mayoría de las veces el portador de todo aquello que la madre no logra aceptar, descifrar, traducir e incluso negar, esto significa que lo que está ante nosotros como terapeutas no es la locura de esa persona sino la de alguien más.
El tratamiento de estos pacientes es de lo mas interesante ya que hay que lograr la manera de fortalecer al Yo y diferenciarlo del Yo de su madre sin atacar a esta figura que es la estructura de su psique, se busca llegar a cuestionar si realmente son una persona o dos las que están en esa relación. Es un viaje intenso y todo el tiempo tendiente al abandono del proceso, es riesgoso y da la sensación de quedar en la nada.
Poco a poco el paciente se irá reconociendo como un ser que cuenta con deseos, gustos e ilusiones distintos a los de su madre, comienza a observar que tal vez hay muchas cosas que ha dejado de hacer y comienza la angustia a la separación que al mismo tiempo les dará las mejores satisfacciones de su vida. Es aquí cuando comienza el análisis de esa persona que en un inicio se presentó frente a nosotros.

Artículo: “Hombres: inexpresivos o… temerosos?”

Para poder responder a las preguntas; ¿Porqué a ellos les cuesta trabajo decir te amo? y/o por qué es que de pronto no pueden definir siquiera cómo es que se sienten. Tenemos que empezar relacionando esta incapacidad con un concepto inherente al ser humano y solapado por la sociedad y los vínculos familiares especialmente en el género masculino: el miedo.

En los primeros años de vida del ser humano se da una primera relación básica, elemental y fundamental para el existir mismo y para el desarrollo, que definirá parte de la conducta futura, los gustos y las emociones de ese ser. Me refiero al vinculo con la madre, esta persona que brinda amor, seguridad, respeto, confianza y comprensión a ese nuevo bebe, en el mejor de los casos, creara una capa protectora hacia el mundo emocionalmente hablando, que será la que determine el autoconcepto de ese hijo y que de igual manera estructurará sus pensamientos y la manera de vivir al mundo. En el peor de los casos y lamentablemente en su mayoría , las capacidades de esta madre en sus inicios son limitadas, no se fomenta esa capa protectora ni se brinda seguridad, por el contrario pareciera que ese primer amor es amenazante, persecutorio y devaluador. En general esto es lo que pasa en la primera experiencia de amor en este caso de los hombres, la primera persona a la que aman resulta que no siempre esta disponible, que tiene otras responsabilidades y que incluso tiene otro hombre en su vida. Este niño crece con la necesidad insaciable de ser amado, visto, comprendido y con la terrible condición de ser dependiente a las personas que lo rodean, en un primer momento de la madre y en un segundo, si es que hay, de un padre. Esta dependencia emocional-amorosa y la incapacidad principalmente de la madre por corresponder, crean la diada en la que inconscientemente estará atrapado la mayor parte de su vida: amor-odio. El amor, en un inicio a esa persona que le dio la vida, a esa persona que hace que confirme que esta vivo, a esa persona de la cual se espera todo para poder sobrevivir y para poder sentirse tranquilo y feliz, es un amor inmenso, nirvánico, que se siente como el sentido de la vida. Todo lo anterior comienza a cambiar con el paso del tiempo y con la consciencia que se va adquiriendo con el paso de los años, el amor que va de ida no se da generalmente de regreso, las expectativas empiezan a romperse, los errores y las desilusiones comienzan a tener lugar cada vez más y ese amor angelical se convierte en enojo, frustración y coraje, se siente enojo por amar a esa persona y por percatarse de ser agredido o poco valorado por ella misma pero sin embargo no se puede “dejar de querer” así por que si, por que la base de esa relación será la dependencia, que lleva con la adultez a una sensación terrible de vulnerabilidad y miedo. Este tipo de heridas incluso puede generarse por el nacimiento de un hermano o por la simple presencia de otro hombre importante en la vida de esa madre, funciona como un rival que viene a quitar todo ese amor que debería de ser sólo para él. Poco a poco esto se transforma en una sensación de estar expuesto y de ser maltratado, se va a quedar en el registro emocional como una alerta, así que cada vez que ese hombre logre sentir amor lo más seguro es que lo asociará con desilusión y dolor. Es decir que cuando se ama se es débil y tendiente al abuso. Este tipo de aprendizaje emocional es aún más fuerte para el género masculino ya que socialmente existe casi un mandato inconsciente con respecto a tener que cumplir con ciertos requerimientos para poder ser “un hombre”, por ejemplo: ser fuerte, inexpresivo, protector, solucionador de conflictos, prácticos y poco sensibles, de lo contrario dará pie al cuestionamiento de su carácter como hombre y fortaleza e incluso a sus preferencias sexuales. Un hombre que es sensible es igual a ser una mujer, lo cual en nuestra cultura aún funciona como un insulto, que trae como consecuencia inseguridad y miedo de sentirse o ser así.

Por todo lo anterior es que para los hombres, puede llegar a ser complicado ser expresivos, más si la madre de ese hombre fue abandonadora, demasiado exigente, devaluadora o incluso sobreprotectora, ya que ahora entendemos que ese primer vínculo va a marcar la manera de vivir el amor en ese hombre, si hay mucho abuso y poco amor lo más seguro es que crezca con miedo a amar por temor a ser lastimado otra vez. El rechazo, la frialdad, la poca comunicación e incluso las agresiones alejan al ser querido y pueden ser utilizadas por un hombre para sentirse bajo control y sin posibilidades de ser lastimado, lo harán tener la sensación de estar en menor riesgo por que no querrá volver a concebir el dolor de ser rechazado y de ser vulnerable, menos de ser dependiente al amor de una mujer. Todo esto se traduce en incapacidad por desarrollar sensaciones, lo que va a generar deficiencias en el descubrir emociones reales hacia las cosas, es más sencillo vivir superficialmente para un hombre ya que la educación, la cultura y la sociedad generalmente lo propician.

Tips.
– Valorar los acercamientos que él tenga.
– Entender que a pesar de ciertas imposibilidades el hombre buscará un acercamiento.
– Descifrar y traducir ciertas actitudes de él que puedan ser la expresión de un afecto.
– Propiciar la comunicación con él sin presiones ni prejuicios.
– Conocer qué comportamientos de él son igual a un cariño o un apapacho.
– Tener la flexibilidad para comprender que no todas las personas expresan el amor y el cariño de la misma forma y de aquella que se espera.
– Llegar a acuerdos de “cómo es que a mi me gustaría que me demostrarás lo que sientes por mi” y dar oportunidades al otro de cumplirlo.
– Ser clara en qué es lo que se espera de él de manera práctica, sin rodeos y sin agresiones.

Artículo: “Límites, la estructura de nuestros hijos”

Puede llegar a ser difícil entender que nuestros hijos van creciendo día con día, sus capacidades cambian, su cerebro se desarrolla en muchos sentidos y con todo esto también cambian sus necesidades, necesidades de juego, de atención, de educación y principalmente sus necesidades de límites.

Cuando los bebés nacen requieren de todos nuestros cuidados para poder sobrevivir, dependen del adulto para poder seguir adelante y ésta tarea aunque resulta muy agotadora también resulta confortable por que todo depende de los adultos, hay horarios establecidos, reglas y él bebe va a adaptarse, hay cierto grado de control ya que los bebés en sus primeros meses necesitan de comida y descanso principalmente.
Es cuando el bebé comienza a crecer y a desarrollarse física y mentalmente que empieza el verdadero reto en la educación de los hijos, ¿qué pasa con su voluntad y sus deseos?, ¿cómo aprender a crear un vínculo amoroso con nuestros hijos estando los límites y las reglas presentes? Este tipo de dudas generalmente estará rondando los pensamientos de los nuevos padres ya que generalmente y actualmente se asocian las reglas y las consecuencias con ser “malos padres” o con ser demasiado rígidos. Sin embargo a lo largo de la evolución del ser humano se ha observado que lo que organiza la psicología del ser, lo que la mantiene sana y con motivación, es el límite. Así que, ¿qué es un límite? El límite es aquel acuerdo prexistente que nos va ha indicar qué es permitido y que no en un sistema familiar, en una sociedad, en un gobierno, es decir que en la relación padres-hijos, el límite es lo que le va ha indicar al niño o niña hasta donde llega el como individuo en la relación con sus padres, puede ser un lenguaje no hablado que indique a los niños quién en esa relación tiene el control, este control es un control inconsciente que va a empoderar a los padres sin necesidad de malos tratos ni agresiones y sin ser una dictadura.

Con los límites vamos a enseñar también a nuestros hijos que existen más personas a parte de él o ella y que son parte de un sistema familiar y social que requiere de reglas establecidas para poder funcionar, capacidad que se va desarrollando con el paso del tiempo en la psique de los niños pero que resulta importantísimo ir construyendo este concepto desde muy temprana edad, más o menos desde que comienzan a caminar. Los límites van a propiciar un ambiente estructurado que permitirá saber exactamente qué será tolerado y que no, es aquí en donde entran los valores como el respeto al otro, el agradecimiento, la cortesía, la escucha, la comunicación, es interesante también, cómo es que si esto queda claro en el trato hacia los demás, será sencillo después irlo incorporando todo esto hacia ellos mismos, el autorespeto, la autocomunicación y la autoescucha, lo cual hará de sus hijos personas con gran inteligencia emocional y fortaleza.

El tip maravilloso de la impartición de límites de los padres hacia los hijos es la comunicación, es decir, que un límite siempre debe de ir acompañado de una explicación, tendrá que tener un argumento lógico y sencillo que permita a los niños entender con qué va asociada la regla, es decir por qué es importante recoger sus propios juguetes, por qué es importante no gritar a los demás, por qué es importante compartir o expresarse o no golpear, comer bien, descansar, etc. Todo tiene una explicación con un gran sentido al educar y al decir qué si y qué no a nuestros hijos, sin embargo esa información en ocasiones no llega a ellos y es lo que hace falta, compartir con nuestros hijos el porqué de lo que les pedimos.

Es importante recalcar que esto no es igual a falta de consecuencias para los niños o niñas que no cumplan con el límite o las reglas establecidas, pero es diferente educarlos desde el castigo, que desde la responsabilidad de hacerse cargo de sus acciones, va a existir una consecuencia acorde a lo que no se cumplió también con una explicación sencilla que les permita aprender. La consecuencia va a ser parte del establecimiento del límite y de las reglas y lo que les dará fuerza, una vez establecida la consecuencia debe cumplirse. Aprender en este caso, significa que los niños logren asociar la petición de sus padres, con el argumento del porqué es así, con la consecuencia dada.
Definitivamente todo lo anterior debe de ser parte de un conjunto que sea coherente en muchos aspectos, el ejemplo de los padres y su propio comportamiento va a dar las pautas para que estos límites funcionen y tengan un efecto educativo en los hijos. Si un padre prohíbe a sus hijos golpear, golpeándolos esto no va a tener mucho sentido para ellos, lo único que se generará será enojo, lo cual después saldrá en alguna actuación por parte de los niños. Si yo como padre o madre miento o no me comunico o cuando lo hago grito, lo más seguro es que sus hijos lo hagan de la misma manera. Naturalmente no podemos pedirles a nuestros hijos de manera tan sencilla que hagan lo que nosotros no hacemos, no cumplimos o no llevamos a cabo.